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Ruta por el Castro Ventosa en otoño, un caleidoscopio de colores para disfrutar de El Bierzo en estado puro

Sin duda el otoño es la mejor época para subir al Castro Ventosa, asentamiento prerromano desde el que se divisa todo el Bierzo Bajo y un fantástico 'Pantone' de colores.

Se van a cumplir 90 años desde que este asentamiento prerromano fue declarado Monumento Nacional (1931). De poco le ha servido, cuando permanece casi en el olvido. Hace décadas que a los agricultores se les expropiaron los terrenos del interior del castro y ahí siguen las viñas, entre zarzas y olvido, señal inequívoca de que no han comenzado las excavaciones en el asentamiento donde se cree que estuvo Bergido, que aparece como el punto en el que confluían las calzadas que llevaban a las ciudades de Brácara (Braga), Asturica Augusta (Astorga) y Lucus Augusti (Lugo).

Una impresionante muralla tardorromana rodea los restos del asentamiento original. Una joya Bajo Imperial Romana comparable a las murallas de León, Lugo o Astorga, con torreones semicirculares y en la que se reflejan una serie de ocupaciones desde la Edad del Hierro hasta la Edad Media.

Hace nueve años, el CSIC prometió 5 millones de euros que servirían para financiar el estudio arqueológico del paraje, conservar los restos existentes y abrir un museo y centro de recepción de visitantes. Este último, situado en Valtuille de Abajo, no deja de ser más que un armatoste inacabado y rodeado de zarzales. Más de 300 mil euros que se invirtieron en la primera fase y que se quedaron enterrados en el olvido, al igual que el castro.

Pero dejémonos de penas y veamos las alegrías. Visitar el Castro Ventosa es una delicia visual, elevarse unos metros sobre el valle de El Bierzo nos permitirá disfrutar de la comarca, de sus montañas, de sus poblaciones y si es otoño, de esa increíble variedad cromática, que por cierto, todavía no está en su mejor momento, falta quizá una semana o diez días para llegar al clímax de color, antes de que comiencen a caer las hojas y que se de paso poco a poco a los colores del invierno.

La ruta es muy corta y apta para todos los públicos si se sube hasta el aparcamiento a pie del castro. También se puede subir andando desde el desvío que encontraremos nada más entrar a Pieros, pasado Cacabelos. Una señalización nos indicará el desvío hacia nuestro destino. No es la única forma de acceder, se puede subir desde Valtuille o desde Villadecanes a través de viñedos.

El paseo alrededor del Castro Ventosa nos mostrará diferentes puntos de vista de la comarca. La primera hacia el sur desde el Parking desde donde divisaremos Cacabelos a nuestros pies y Ponferrada a lo lejos, con su Pajariel, su ‘mamotreto’ en el medio de La Rosaleda y al fondo la tebaida berciana, se adivinan perfectamente otras poblaciones como Cubillos, Camponaraya o Quilós, el recorrido alrededor de la muralla son apenas 1 Kilómetro y 200 metros, prácticamente llanos y que nos permiten disfrutar de diferentes vistas periféricas de la comarca.

Unas escaleras nos permitirán subir al interior del castro, donde hay multitud de senderos desbrozados por los que podemos paseare incluso encontrarnos un vértice o punto geodésico.

El plan perfecto es, una vez terminado nuestro paseo por el Castro Ventosa es acercarnos al Museo MARCA de Cacabelos y conocer más sobre el asentamiento, no todo lo encontrado en el yacimiento lo podremos ver allí, ya que piezas como el peine litúrgico de Cacabelos o peine de Castro Ventosa, tres placas de hueso remachadas con clavos de bronce, del siglo V, se expone en el Museo de León, Este peine, encontrado en el Castro en 1996 es un objeto propio de los pueblos del oriente europeo y bajo Danubio, traído por los pueblos «bárbaros», aliados de Roma: los godos o quizás los vándalos.

Hablando de vándalos, en nuestra visita vimos los restos de diferentes botellones recientes, también nos cruzamos una y otra vez con un grupo de jóvenes cuyo divertimento era rodear el yacimiento a gran velocidad con un quad, cruzándolo en las curvas y deshaciendo con ello el frágil firme de grava. Dos mil años después, los vándalos siguen campando por Castro Bergidum.

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