El próximo jueves 12 de febrero a las 13.00 horas, las chimeneas de la antigua central térmica de Compostilla II, en Cubillos del Sil, serán demolidas mediante voladura controlada. Así lo ha confirmado el alcalde del municipio, Antonio Cuellas, a través de un bando oficial.
Con su caída desaparecerán uno de los símbolos más reconocibles del pasado industrial del Bierzo, en una operación que se enmarca dentro de las obras de desmantelamiento definitivo de la central, previstas para finalizar a lo largo de este año. La actuación incluye también la demolición del edificio de tolvas, poniendo fin a las estructuras más significativas del complejo, después de que las torres de refrigeración fueran borradas del horizonte berciano en agosto de 2023.
El protocolo de seguridad comenzará a las 9.00 horas con el despliegue del operativo. A las 12.00 horas se completará la evacuación del perímetro establecido y a las 12.45 se procederá al corte de los accesos a la central y de la carretera que discurre junto al embalse de Bárcena. La voladura se anunciará con un tono largo de sirena cinco minutos antes y tres tonos cortos un minuto antes del momento exacto de la demolición.
Más allá del aspecto técnico, la voladura de las chimeneas tiene una fuerte carga simbólica para la comarca. Es el final visible de los grandes “tubos de escape” de la combustión que durante décadas dieron empleo, identidad y sustento económico al Bierzo. Sin embargo, su desaparición llega sin que el vehículo eléctrico —la prometida alternativa económica e industrial— haya arrancado todavía.
El Bierzo asiste así a una transición incompleta: se eliminan las emisiones, se desmantela el pasado, pero el nuevo modelo productivo continúa sin materializarse con la fuerza y la velocidad anunciadas. Las chimeneas caen, pero el relevo industrial, tecnológico y laboral sigue esperando.
La voladura de Compostilla II marca un punto final definitivo a una era, pero también vuelve a poner sobre la mesa una reivindicación largamente repetida en la comarca: no se puede apagar un motor sin tener otro listo para arrancar. El Bierzo pierde sus símbolos industriales mientras sigue reclamando proyectos reales, empleo estable y un futuro que no se quede solo en promesas.




