El Magosto de Ponferrada busca en su tercera edición colarse en los ‘clásicos’ del Bierzo

Las castañas humeaban en Ponferrada con un día de retraso, pero con el ambiente de las grandes ocasiones. El frío festivo del 1 de noviembre, al que se tuvo que trasladar la celebración prevista en principio para la víspera, se sobrellevó a golpe de música y brasas. La charanga Alegría Berciana y los acordes de Denominación de Origen Band pusieron el ritmo a una jornada en la que el aroma a humo dulce volvió a adueñarse del centro de la ciudad.

Alrededor del fuego, la tradición se convirtió en el punto de encuentro de cientos de vecinos y visitantes. Según destacó el teniente de alcalde y edil de Turismo, Iván Alonso, la cita atrajo a gente llegada desde Galicia y de diversos puntos de la provincia y de autonomías vecinas, consolidando la capacidad de convocatoria de este festejo. Los asistentes hicieron fila para recoger el menú tradicional: castañas recién asadas, un bollo preñado, dulce almendrado, vino de la tierra y, para cerrar la velada, una reconfortante queimada.

Durante el acto institucional, el alcalde Marco Morala hizo hincapié en la necesidad de que el Magosto siga ganando peso como un homenaje vivo a los ancestros, sirviendo de puente para que las futuras generaciones mantengan intacta la costumbre.

Sin embargo, el contrapunto de la jornada lo puso la realidad del campo berciano. El mantenedor de la fiesta, Pablo Linares, recordó el contexto en el que se celebra esta edición, marcada por una campaña de recogida complicada. Las plagas de hongos y el agusanado, sumados a las inclemencias meteorológicas, han dejado una cosecha bastante más escasa que la de años anteriores. Pese a las dificultades que atraviesa el sector castañero, el espíritu festivo se impuso en las calles, donde la música y la calidez del fuego volvieron a cumplir con el ritual de cada otoño.