Ponferrada se deja llevar en los primeros ‘Ponfermines’ de su historia

El espíritu de Pamplona se trasladó este domingo al corazón de El Bierzo. Ponferrada vivió la primera edición de los Ponfermines, una peculiar réplica de los tradicionales encierros navarros que cambió los imponentes astados de carne y hueso por toros hinchables, garantizando la diversión sin perder un ápice de emoción. Una actividad que ya pudimos ver en las Fiestas del Cristo de Bembibre del año pasado con los San Cristines y que este año también se ha sumado Ponferrada.

El evento reunió a cientos de personas de todas las edades que no quisieron perderse la cita. La jornada arrancó como manda la tradición, con la multitud entonando el emblemático cántico «A San Fermín pedimos» antes de dar paso a la carrera. El recorrido comenzó a las puertas del Castillo de los Templarios y discurrió hasta la Plaza del Ayuntamiento, aunque debió omitir el paso por la icónica calle de la Estafeta por motivos de logística.

La carrera fue limpia y vertiginosa. A pesar de la ligereza de los astados, no faltaron los momentos de tensión cuando uno de los toros se quedó rezagado del grupo, provocando carreras de última hora entre los mozos más despistados. Por suerte, la jornada se resolvió sin heridos que lamentar y con el público volcado en aplausos.

El broche de oro a la jornada festiva se vivió en la céntrica Plaza del Ayuntamiento, donde la música ambientó el fin de fiesta y un toro mecánico puso a prueba el equilibrio y el arte de rodeo de los participantes más atrevidos.