Las otras tradiciones de la Semana Santa en el Bierzo: “Matar Judios” o jugar a las Chapas

Si las túnicas y el silencio marcan el ritmo en las calles, el aroma a canela y el sonido del metal golpeando el suelo marcan el pulso en las tabernas. En Ponferrada, la Semana Santa no solo se reza; también se bebe y se juega.

“Matar judíos” es una expresión tradicional usada en El Bierzo y León durante la Semana Santa para referirse al acto de beber limonada (vino con limón, azúcar y canela) en los bares. Esta práctica cultural está ligada a antiguas tradiciones de esta época y no tiene un sentido literal antisemita en la actualidad, sino popular y festivo.

“Matar Judíos”: La tradición con el nombre más polémico

Hay varias teorías sobre esta curiosa y hasta malsonante expresión que acompaña a la Semana Santa.

1. La versión del Ayuno y la Abstinencia (La más lógica)

Esta teoría sostiene que la expresión es una metáfora de la lucha contra la tentación.

  • El concepto: Durante la Cuaresma y la Semana Santa, el ayuno era estricto. Beber vino (un alimento prohibido en exceso) se consideraba un “pecado”.
  • La metáfora: Al beber esa limonada cargada de azúcar y fruta, el fiel estaba “matando al judío” que, según la mentalidad de la época, habitaba dentro de cada cristiano tentando su fe. Era una forma de decir que se estaba sucumbiendo al placer carnal frente al sacrificio religioso.

2. La versión del “Vino de Honor” (El Edicto de Felipe II)

Hay una corriente histórica que apunta a que el consumo de limonada fue una medida de protección civil.

  • El conflicto: En el siglo XV y XVI, los ataques a las juderías (pogromos) eran frecuentes el Viernes Santo.
  • La solución: Las autoridades locales permitían que las tabernas sirvieran este vino dulce y rebajado para que los cristianos se quedaran en los locales bebiendo y celebrando, en lugar de subir a las juderías a causar disturbios. La expresión “matar judíos” habría nacido como una forma irónica de decir: “Me quedo aquí bebiendo en lugar de ir a buscarlos”.

3. La versión de la “Muerte del Mal” (Simbolismo Puro)

En muchos pueblos del Bierzo, se entiende “el judío” no como una persona, sino como una personificación de la traición y la muerte de Cristo.

  • El rito: Al igual que en otras zonas de España se “quema a Judas”, en el Noroeste se “mata al judío” bebiendo. Cada trago de limonada simbolizaba la victoria sobre aquellos que entregaron a Jesús. Es una forma de folclore religioso donde el acto de beber se convierte en un pequeño “triunfo” simbólico sobre la tragedia del Calvario.

En cualquier otro lugar, decir que vas a “matar judíos” sonaría alarmante. En el Bierzo y en toda la provincia de León, es la forma tradicional de invitar a alguien a tomar limonada.

  • El origen: Se dice que en la Edad Media, los cristianos bajaban a la judería en busca de venganza por la muerte de Cristo; para evitar altercados, las autoridades permitían el consumo de vino rebajado para “calmar los ánimos”.
  • La Limonada Berciana: No te dejes engañar por el nombre: lleva de todo menos agua. Es una pócima a base de vino tinto (Mencía, preferiblemente), azúcar, limón, naranja y canela.
  • El secreto del Bierzo: A diferencia de la receta de León capital, en el Bierzo es muy común añadirle frutas troceadas (higos secos, pasas y, sobre todo, Pera Conferencia o Manzana Reineta) que maceran durante al menos 8 días. ¡La fruta del final del vaso es lo más peligroso!

2. Las Chapas: El casino anual de los tres días

Durante todo el año, este juego está prohibido, pero el Jueves, Viernes y Sábado Santo, la ley hace una excepción histórica.

  • El escenario: Los “corros” se forman en locales autorizados. El “baratero” organiza las apuestas y lanza al aire dos perras gordas (monedas antiguas de 10 céntimos de Alfonso XIII) que llevan una cruz pintada en una de sus caras.
  • La adrenalina: Se apuesta dinero real al grito de “¡caras!” o “¡cruces!”. Si sale una de cada, se repite. Es un espectáculo ver la tensión en los rostros mientras las monedas tintinean en el suelo.
  • Leyenda negra: Se cuenta que antiguamente, en los pueblos del Bierzo, los hombres llegaban a apostarse fincas, el ganado y hasta el futuro de la familia en una sola tirada.

3. Curiosidades que solo verás aquí

  • El “San Juanín” corredor: En la mañana del Viernes Santo, durante la Procesión del Encuentro, los portadores del paso de San Juanín salen corriendo por la plaza para avisar a la Virgen de que ha visto a su hijo. Es un momento único de velocidad y pericia entre la multitud.
  • La Gastronomía de Vigilia: Más allá del potaje de garbanzos, en el Bierzo manda el bacalao con pimentón y, por supuesto, la empanada de batallón (que ese día, para cumplir el precepto, suele ser de pulpo o de bacalao).

4. El Lambrión Chupacandiles: El nazareno solitario que “abre” el cielo

Si hay una figura que define la singularidad ponferradina, esa es el Lambrión Chupacandiles. Mientras que en otros lugares la Semana Santa comienza con grandes bandas de cornetas y tambores, en Ponferrada todo empieza con la soledad de un hombre y el tañido de una campana.

¿Quién es y qué hace?

Ataviado con la túnica negra, el Lambrión recorre las calles de la ciudad el sábado anterior al Viernes de Dolores. Va solo, sin música, solo acompañado por el sonido rítmico de su pequeña campana, avisando a los vecinos de que las procesiones están a punto de comenzar.

¿Por qué ese nombre tan curioso?

El nombre es pura etimología popular berciana y tiene un toque pícaro que encaja perfectamente con “la otra” Semana Santa:

  • Lambrión: En berciano, un “lambrión” es alguien goloso, que le gusta “lamber” (lamer) los dulces.
  • Chupacandiles: Antiguamente, este nazareno recorría las iglesias y, según cuenta la leyenda, era tan goloso que se aprovechaba de la distracción de los sacristanes para beberse el aceite de los candiles (o las sobras de los vinos de misa).

La tradición de los niños

Hoy en día, el Lambrión es el héroe de los más pequeños. Es tradición que decenas de niños correteen a su lado durante su recorrido por el casco antiguo y la zona alta, gritándole cariñosamente: “¡Lambrión Chupacandiles, que te comes los candiles!”. Él, imperturbable bajo su verdugo (capucha), sigue su camino cumpliendo con un ritual que tiene más de cuatro siglos de historia.