Los quioscos forman parte del decorado urbano y lo hacen todas las mañanas, todos los días, también sábados, domingos y festivos, gracias al empeño de los editores por vender periódicos e influir en la opinión pública, pero también por las revistas del corazón, las novelas de Corín Tellado, las pipas Facundo o las chucherías.
Las fotos que ha publicado Carmen Arroyo en el grupo Fotos antiguas de Ponferrada y El Bierzo en Facebook tienen algo de hipnótico. En ellas se reflejan los cambios que se produjeron alrededor de un quiosco que ya no existe, situado en la Plaza de los Mesones, hoy Plaza de Julio Lazúrtegui. Son imágenes del quiosco porque pertenecían a su abuela, la señora Julia, madre, del recordado José Arroyo, maestro de olímpicos bercianos como Colomán Trabado o Rodrigo Gavela, maestro también en el amplio sentido de la palabra y padre de Carmen.
Magnánimo se presenta en las instantáneas el Teatro Edesa, gran representante de la bonanza de la llamada ciudad del dólar, como centro de ocio, de reuniones, de ligoteo y de cultura que, durante la dictadura, llegaba a cuentagotas a través del séptimo arte.
Pero las fotos reflejan mucho más. Reflejan la tranquilidad de mediados-finales del siglo XX, en la que las personas cruzan la calle sin prisas; también muestran cómo el quiosco pasó de estar situado delante del Banco Central (hoy Banco Santander) al centro de la acera, frente al teatro, o el puesto de La Jijonenca, con su vitrina de cristal llena de cucuruchos esperando a recorrer no más de 200 metros en manos de un cliente.
Las fotografías no están fechadas, pero se puede intuir, por los coches y por los edificios en construcción, que pertenecen a finales de los años sesenta y principios de los setenta. La casa. Las hay de entretiempo, con mangas cortas y algún jersey sobre los hombros, y también de épocas más frías, reconocibles por los abrigos de paño y las gabardinas. Son fotos costumbristas, todas ellas alrededor del quiosco de la señora Julia.
Hay una fotografía especialmente llamativa que refleja un salto unos años atrás, quizá a comienzos de los sesenta. En ella, el quiosco es diferente: tiene una forma moderna y llamativa y está cargado de publicidad. Electrodomésticos Castro, Almacenes-Ferretería Sevilla, Librería Cervantes o Campari comparten cristalera alrededor del ventanuco de la señora Julia. Bajo el hueco, una pegatina del diario Pueblo. La calle está en obras, los carteles indicativos aparecen tumbados y se adivina un camión, señal de que la plaza estaba siendo reformada.
En la imagen, dos niños se observan ante la puerta del Banco Central, como pensando cuál sería la siguiente trastada, mientras una persona lee tranquilamente el periódico delante de las bonitas verjas de la entidad bancaria. ¿Cuánto hace que no vemos una estampa así?












