La sobriedad y el recogimiento han vuelto a ser los protagonistas de la noche de este Sábado Santo en la capital del Bierzo. Pasadas las 22:00 horas, la imagen de Nuestra Señora de la Soledad cruzaba el umbral de la Basílica de la Encina para iniciar una de las estaciones de penitencia más íntimas y esperadas por los fieles locales.
Organizada por la Real Hermandad de Jesús Nazareno, la comitiva fúnebre avanzó bajo un respetuoso silencio que solo se veía interrumpido por el rítmico sonido de las cornetas y tambores en tonos menores.
Un itinerario cargado de historia
El cortejo recorrió los puntos neurálgicos del casco antiguo, atravesando lugares emblemáticos como:
- El Paraisín y la Cruz de Miranda.
- La Plaza del Ayuntamiento, donde la hilera de capirotes negros ofrecía una estampa de tiempos pasados.
- La Calle del Reloj, cuyos balcones se llenaron de vecinos para ver pasar la talla de la Virgen.
Tras cruzar la Plaza de la Encina y enfilar la calle Gil y Carrasco, la procesión se dirigió hacia la Avenida del Castillo, con la imponente fortaleza templaria como testigo mudo del avance de los cofrades.
El broche de oro: La Salve frente al Castillo
El momento culminante de la noche, y uno de los más sobrecogedores de toda la Pasión ponferradina, tuvo lugar a la llegada a la Iglesia de San Andrés. Allí, frente a los muros del Castillo, la multitud y los hermanos cofrades unieron sus voces para entonar el tradicional canto de la Salve.
Este gesto de despedida a la Virgen en su soledad marcó el final de una jornada dominada por la emoción y el respeto, sirviendo como preludio a la alegría que traerá mañana el Domingo de Resurrección. Con este acto, Ponferrada pone casi el punto y final a una Semana Santa que ha vuelto a destacar por su altísimo valor patrimonial y espiritual.
















