La mañana del Viernes Santo ha vuelto a regalar a la capital del Bierzo una de sus estampas más icónicas y queridas: la Procesión del Encuentro. Bajo un cielo que ha respetado el solemne desfile, la ciudad se ha paralizado para asistir al diálogo mudo entre las imágenes, en un acto que combina la devoción religiosa con una coreografía popular perfectamente coordinada.
La carrera de “San Juanín”: El pulso de la plaza
El momento de mayor intensidad, como dicta la tradición, ha sido la carrera de San Juanín. Los corredores, portando a hombros la imagen del “evangelista niño”, han atravesado la Plaza de la Encina a paso veloz para anunciar a la Virgen la presencia de su Hijo.
Este movimiento, ejecutado con la precisión que dan años de costumbre, ha sido recibido con el silencio respetuoso de la multitud, que rompió en un sentido aplauso al completarse el encuentro entre las tallas. El sonido de las cornetas y los tambores de la Real Hermandad de Jesús Nazareno puso la banda sonora a un rito que es, para muchos, el corazón de la Semana Santa ponferradina.
Un escenario de tradición
La Plaza de la Encina y las calles aledañas del casco antiguo han servido de escenario perfecto para el despliegue de las diferentes túnicas y pasos. Entre los elementos más destacados de la jornada se han podido ver:
- El Nazareno: Imponente en su avance por las calles empedradas.
- La Soledad: El contrapunto de dolor y elegancia que cierra el encuentro.
- La marea de nazarenos: Cientos de cofrades que, con su paso rítmico, mantienen viva una herencia centenaria.
El sentimiento de un pueblo
Más allá de lo artístico, la procesión de este 2026 ha destacado por una participación masiva. Vecinos y visitantes han llenado cada rincón del recorrido, confirmando que el Encuentro no es solo un acto religioso, sino un punto de unión social y cultural para todo El Bierzo.















































































































































