El día que Cacabelos ganó su parque en Ponferrada

A estas alturas y con ocho décadas disfrutando de la figura de Prada a Tope, ya nada parece sorprendernos de este berciano de pro, defensor como nadie de su tierra. Pero hay que recordar y poner en valor esa forma tan suya de dar forma a una idea abstracta que puede parecer imposible: y es que hay personas que organizan eventos y hay personas que transforman comunidades. José Luis Prada pertenece inequívocamente a la segunda categoría.

Aquellos que ya superan el medio siglo de vida, todavía recuerdan aquellos desfiles del día de la Encina, patrona del Bierzo en Ponferrada, en el que los pueblos de la comarca se implicaban para destacar en la “capital”. Muchos recuerdan (Como para olvidarlo) el día que un descomunal lagar se paseó por las calles de Ponferrada. Por cierto ¡Qué gran filosofía tenían aquellos desfiles en los que Ponferrada miraba hacia los pueblos de la comarca!

Lo cuenta Prada en su biografía, Prada a tope, ejemplar único y atemporal , en el otoño de 1979. protagonizó uno de esos momentos que solo permite la obstinación de este personaje único: convertir un concurso de carrozas en una declaración de identidad colectiva. Logró movilizar a centenares de vecinos de Cacabelos sin pagar a ninguno un solo duro, regresando de Ponferrada con el primer premio bajo el brazo y un parque en el bolsillo.

Para entender lo que ocurrió hay que saber lo que no ocurrió el año anterior. El Ayuntamiento de Ponferrada buscaba dar brillo a sus fiestas y barajaba contratar empresas externas. Prada, demostrando que El Bierzo no necesitaba importar talento, propuso organizarlo él con recursos de la comarca, por menos dinero y con mucha más alma. Le dijeron que no.

Ante esta negativa, Prada no se echó atrás; simplemente guardó la idea en el cajón de las cosas a las que aún no les ha llegado su momento. Lo suyo era la paciencia estratégica de quien sabe que la razón acaba imponiéndose.

El “empujón” llegó en forma de concurso de carrozas. Y Cacabelos, de la mano de Prada, decidió presentarse. El propio Prada lo tenía clarísimo: el tema tenía que ser el vino, la vendimia, el lagar y la bodega. No una alegoría decorativa, sino una carroza que fuera, literalmente, Cacabelos en movimiento por las calles de Ponferrada.

Lo extraordinario de Prada no es que tuviera ideas grandes. Es que conseguía que la gente las hiciera suyas.

Una de las carrozas de Cacabelos girando en la esquina de Camino de Santiago con Av de Valdés. Foto: Biografía de Prada

Sin salario, sin más recompensa que la satisfacción de hacer algo memorable juntos, centenares de cacabelenses se sumaron a la causa. Los carpinteros abrieron sus talleres, los cerrajeros pusieron sus herramientas y los que sabían de ganado trajeron sus vacas y bueyes. Y Prada lo vivía con una emoción que no disimulaba: «da gusto ver a todos… no hay problema, nadie dice que no, todos se implican, todos quieren aportar», escribiría años después, todavía con el asombro intacto de quien nunca termina de acostumbrarse a la generosidad humana.

El elemento más desafiante para la puesta en marcha de esta performance era el lagar. No una réplica, no una maqueta: un lagar auténtico, con su viga centenaria, su huso, su contrapeso y sus cubas de madera oscurecida por generaciones de mosto. El único que valía era el de un vecino al que todos conocían como “Tule”, instalado en una bodega que todavía funcionaba. Aunque nadie esperaba que accediera, “Tule” accedió.

Puso una sola condición: que al terminar todo volviera a su sitio tal como estaba. Hubo apretón de manos y el trabajo comenzó. «Sacarlo de la bodega nos costó dios y ayuda», recordaría Prada, con esa mezcla característica suya de humor y admiración hacia los que trabajaron a su lado. Nadie entendía cómo los que lo instalaron siglo y medio antes habían conseguido meterlo. Pero lo sacaron. Claro que lo sacaron.

EL lagar entrando a Ponferrada por la actual Avenida Camino de Santiago. Foto: Biografía de Prada

Setenta personas, tres escenas, un pueblo entero

El día de La Encina, un sábado 8 de septiembre de 1979 llegó, y Cacabelos llegó a Ponferrada como llegan los que no tienen nada que demostrar pero lo demuestran todo.

Más de setenta vecinos formaban el cortejo, quedaron en el Polígono de las Huertas que por aquel entonces estaba urbanizado pero apenas existían edificaciones,cada uno vestido y en su papel dentro de alguna de las tres escenas que componían el relato: la vendimia en el campo, la prensa en el lagar, el descanso en la bodega. No había actores contratados. Había labradores, tenderos, madres, jóvenes, jubilados. Todos de Cacabelos.

Parte de los componentes de la performance del vino de Cacabelos, delante del desaparecido Cuartel de la Guardia Civil. Foto: Biografía de Prada

Abría la procesión una carreta de eje chillón, tirada por dos vacas lentas y dignas, cargada de racimos reales de mencía y godello que con el traqueteo del asfalto iban convirtiéndose en mosto. Detrás, sobre la plataforma de un camión Pegaso, el lagar de “Tule” se alzaba bajo un tejadillo de centeno como una catedral portátil de la cultura vinatera berciana. Cerraba el cortejo la bodega emparrada, donde los vecinos reproducían ese momento eterno y bercianísimo del vaso en la mano y la charla sin prisa.

Prada iba y venía de un extremo al otro de la procesión, ajustando, animando, resolviendo, siendo a la vez el director de escena y el vecino más entregado de todos. Toda Ponferrada salió a la calle. Y se quedó sin palabras.


El premio que se convirtió en parque

El jurado entregó el primer premio sin demasiadas dudas. Pero el verdadero trofeo no fue el diploma ni el reconocimiento público, aunque ambos supieran bien. El verdadero trofeo era lo que vino después: con el dinero del premio se construyó el parque que los niños de Cacabelos necesitaban y que el Ayuntamiento llevaba años sin acometer. Si, el parque al lado del paseo del río, delante del Cine Faba.

Hola Pueblo

“Fue el parque que marcó en aquel momento la apuesta por la belleza del pueblo al natural, y no dejarse llevar por el moda imperante en la época de construir casas y pisos… destruyendo todo lo que oliese a naturaleza de la de verdad. Aquella decisión fue muy importante para el futuro de nuestro pueblo” Recuerda Prada.

Eso lo sabían todos desde el principio. Ese había sido siempre el objetivo real, el que le daba sentido a cada hora de trabajo, a cada tabla clavada, a cada ensayo bajo el sol de agosto y septiembre. No ganaron para presumir. Ganaron para construir.

Han pasado más de cuatro décadas y la historia de aquella carroza sigue circulando por Cacabelos con la vitalidad de las leyendas que merecen serlo. No porque fuera espectacular, que lo fue. Sino porque resume con una claridad brutal lo que Prada ha representado para su generación y su tierra.

En una época en que se esperaba que los pueblos miraran hacia las ciudades en busca de modelos, referentes y soluciones, él miraba hacia adentro. Hacia la gente que tenía al lado. Hacia los oficios, los saberes y las tradiciones que otros consideraban residuos del pasado y él veía como el material más noble con el que construir el futuro, han pasado más de cuarenta años y lo sigue haciendo, con la misma seguridad.

No necesitó presupuestos abultados ni reconocimientos institucionales. Necesitaba que la gente creyera que valía la pena. Y eso, siempre lo conseguía.

Alberto Tascon
Soy Alberto Tascón, responsable del contenido de Ponferradahoy. De profesión comunicador, con una extensa carrera en Cadena SER, 40 Principales, El País y Prisa Digital, también DJ y 'otras zarandajas' durante muchos años. Especializado en los últimos tiempos en el bienvivir, sin ser un crítico gastronómico, intento contar a los lectores aquello que creo que puede ser interesante gastronómicamente en Ponferrada, El Bierzo y a veces de cualquier punto del mundo. Me gusta hablar de planes y ocio en Ponferrada y la comarca del Bierzo, eventos, música, actividades para todos etc...También de sitios que visitar, rutas interesantes etc.