En el día a día de Ponferrada, el Monte Pajariel se erige como el gran guardián verde de la ciudad. Sorprende que, bajo la roca y los árboles, el monte esconde una cicatriz de ingeniería colosal. Por sus entrañas discurre el Sistema Hidroeléctrico de Cornatel, una de las infraestructuras más ambiciosas del siglo XX en el noroeste peninsular. Concebido en pleno auge de la autarquía energética española, este canal no solo redefinió el mapa industrial de la comarca, sino que acabó convirtiéndose en una incómoda barrera urbana que, tras más de sesenta años de disputas, está a punto de desaparecer de la vista.
El desafío de los sesenta: perforar una montaña
La historia del canal arranca a finales de la década de 1950. En una España sedienta de energía para activar su industria, la empresa nacional Endesa puso sus ojos en el caudal del río Sil. El plan sobre el papel era vertiginoso: captar el agua en el embalse de la Fuente del Azufre y transportarla a lo largo de un trazado total de 30.317 metros por la margen izquierda del río.
El gran escollo del proyecto era la propia orografía de Ponferrada. Para sortear el relieve sin rodear la ciudad de forma ineficiente, los ingenieros optaron por la solución más drástica: atravesar la roca. La obra cumbre del complejo fue la perforación de un túnel principal de 3.200 metros de longitud en el corazón del Monte Pajariel, complementado con otros 900 metros de galerías subterráneas en la zona alta de la ciudad. Tras años de trabajos forzados y desafíos técnicos, el sistema inició sus pruebas de carga en 1963 y quedó oficialmente inaugurado en 1964.
Cifras de vértigo bajo el hormigón
Para entender la magnitud del aprovechamiento de Cornatel hay que acudir a su capacidad hidráulica. No se diseñó como un simple canal de riego, sino como una autopista de agua a presión constante:
- Caudal máximo: Las conducciones y el túnel del Pajariel están dimensionados para soportar el paso de 50 metros cúbicos por segundo (m³/s).
- El pulmón regulador: Toda esa masa hídrica desemboca en el embalse artificial de La Campañana. Allí, una presa de 40 metros de altura retiene un volumen de hasta 25 millones de metros cúbicos (m³) de agua.
- La transformación en energía: Este volumen acumulado es el que alimenta la Central Hidroeléctrica de Cornatel (actualmente gestionada por Enel Green Power). Al aprovechar el brutal desnivel del terreno, el complejo convierte la fuerza bruta del Sil en energía eléctrica limpia, inyectando kilovatios cruciales a la red eléctrica nacional de forma ininterrumpida desde hace seis décadas.
La cicatriz urbana del Casco Antiguo
El problema surgió con el paso del tiempo. Mientras la central cumplía de forma impecable su función industrial en la sombra, Ponferrada crecía a pasos agigantados. Lo que en 1964 era una infraestructura en la periferia de la ciudad, quedó progresivamente atrapado por el entramado urbano.
Especialmente conflictivo ha resultado un tramo de unos 200 metros que discurre a cielo abierto en pleno Casco Antiguo. Esta trinchera de hormigón se convirtió con los años en una auténtica “cicatriz” para la ciudad, generando una triple problemática:
- Barrera arquitectónica: Dividía físicamente el entorno histórico, cortando el paso natural de los peatones.
- Seguridad y salubridad: El agua expuesta en zona urbana conllevaba riesgos evidentes de caídas y focos de suciedad o humedades.
- Estética: Un canal industrial de hormigón chocaba frontalmente con el valor patrimonial y turístico del centro histórico ponferradino.

2026: El año del cierre definitivo
El futuro del canal ha dado un giro definitivo. Tras décadas de proyectos guardados en cajones y reclamaciones vecinales infructuosas, las administraciones y la empresa eléctrica han encontrado una solución que no anula la capacidad productiva de la central, pero sí repara el daño urbanístico.
El punto de inflexión se alcanzó en julio de 2026, fecha en la que el Ayuntamiento de Ponferrada y Endesa firmaron el acuerdo definitivo para cofinanciar las obras con una inversión de 5 millones de euros. La ratificación final llegó apenas unos meses después, en octubre de 2026, cuando el pleno municipal aprobó por unanimidad el proyecto de cubrición para sacar las obras a licitación pública de manera inmediata.
La solución pasa por el soterramiento integral de esos 200 metros conflictivos. Al cubrir el canal, la ciudad no solo elimina un peligro arquitectónico, sino que recupera 8.000 metros cuadrados de suelo público. Ese espacio, antaño dominado por el ruido del agua y el hormigón, se transformará a corto plazo en un gran bulevar peatonal con zonas verdes. Una intervención urbana que permitirá que el gigante hidroeléctrico del Bierzo siga produciendo electricidad bajo tierra, mientras la superficie devuelve el espacio a los ciudadanos.




